viernes, febrero 16, 2018

LLINGUA LLÏONESA, LA NUESA LLINGUA

Ye pa mí un braeiru placer, cumpartire cun toos vosoutros l'artículu qu'escribiera pal 25 Cabudannu la Revista ProMonumenta. Asperu vos preste la sua lleutura tantu cumu a mí me prestóu escribilu:

LLINGUA LLÏONESA, LA NUESA LLINGUA

No se asuste, lector amigo, y siga leyendo sin problemas, sólo el título aparece en lengua leonesa para que nadie pueda quejarse del empleo de esta lengua minoritaria y minorizada, tanto desde las altas instancias del estado como desde una parte del pueblo que sigue negándola pese a que, incluso hoy día, en pleno siglo XXI, se siguen utilizando en el lenguaje cotidiano palabras, expresiones y construcciones gramaticales que, aunque sean extrañas o incorrectas en lengua castellana, son perfectas en lengua leonesa.

Y antes de continuar, creo obligado explicar que los conceptos “minoritaria” y “minorizada” ni son lo mismo, ni tienen que ir necesariamente unidos aunque en el caso del leonés, así suceda, desgraciadamente.

“Minoritaria” es toda lengua que tenga pocos hablantes en un territorio, mientras que “minorizada” es aquella a la que, desde posiciones de “prestigio” se trata como inferior, con menos valor o a la que se llama, despectivamente, dialecto. Por ejemplo: Cuando los españoles llegaron a América, su lengua era minoritaria en dicho continente ya que los diferentes pueblos que allí habitaban tenían las suyas propias con mucho mayor número de hablantes que el castellano. Sin embargo, al convertirse los conquistadores en la clase dominante, el español se convirtió en la lengua de prestigio y las lenguas indígenas pasaron a ser lenguas minorizadas, consideradas propias de gente iletrada y relegadas cada vez más al ámbito familiar, lo que las sumió en la diglosia (fenómeno consistente en que se habla de forma diferente en casa y en la calle) que suele ir unida, indisolublemente, a la minorización y a la lenta desaparición de las lenguas que la sufren.

Y como posiblemente el título de este artículo: “Llingua Llïonesa, la Nuesa Llingua” les llame la atención porque la mayoría de ustedes piense que ni conocen el leonés ni nunca lo oyeron hablar, permítanme que les cuente mi personal vivencia sobre este tema.

La primera vez que oí hablar de la existencia de la lengua leonesa fue hace 50 años cuando tenía 13 y estudiaba cuarto de Bachiller. Un buen día, en clase de Lengua y Literatura, tuvimos que estudiar las lenguas que coexistían en la península junto con el castellano, una de las cuales, en palabras textuales de nuestro libro de texto, era “el leonés (bable) y derivado de él, el asturiano”. Cuando lo oí, no daba crédito ¿cómo era posible que en León existiese una lengua que yo nunca había oído?

Como vivíamos en el País Vasco. mis compañeras de clase me preguntaron cómo era el leonés y yo respondí que no tenía ni idea porque, por lo menos en mi familia, no se hablaba. Sólo el correr de los años y mi innato gusto por cucear en los libros me hizo descubrir la realidad y cambiar de opinión.

Y es que la lengua leonesa estaba entonces, y sigue estando hoy día, mucho más presente en nuestra vida cotidiana de lo que creemos. Palabras como: prestar, mancar, asturar, espipar, espingar, espernancar, ruchar, furrular, ambute, asgaya, trébede, trébedes, negrillo, pardal, pega, pita, curro, bacillar o barcillar, telares o achiperres... y tantas y tantas otras que seguimos usando a diario son leonesas, lo mismo que los diminutivos en -in, -ina, la costumbre de “comernos” muchas preposiciones, la de emplear el pretérito indefinido en lugar del pretérito perfecto o la de eliminar los reflexivos de los verbos, por no citar más que los rasgos más habituales.

Cuando hace una decena de años empecé a acudir a clases de leonés, me encontré con la sorpresa de que, si bien no conocía parte de la gramática y me fallaba la conjugación de los verbos, sabía muchísimo vocabulario leonés así como muchas peculiaridades de la lengua. Resultaba que aquellas palabras “mal dichas” que, en ocasiones, usábamos en casa (jamás en la calle o en presencia de extraños) como algo gracioso eran en realidad leonés y puedo decir que mucho más de la mitad del vocabulario leonés que conozco lo aprendí en mi infancia, en la cocina de mi casa, principalmente de mi abuela, pese a que procedemos del sureste de la provincia de León, zona que, según dicen algunos, está castellanizada hace siglos.

Lo que sucede es que tanto el vocabulario como determinadas expresiones leonesas que seguimos utilizando no los identificamos como tales porque toda la vida los hemos utilizado mezclados con el castellano de nuestros años escolares y, equivocadamente, tenemos asumido que son castellanos, lo que viene motivado por la condición de dialectos del latín tanto del leonés como del castellano, como de todas las lenguas romance.

Y llegados a este punto resulta obligado mencionar un fenómeno conocido en otras lenguas como “false friends” o “faux amis”. Se trata de palabras iguales o muy similares pero que, sin embargo, tienen significado muy distinto según a qué lengua pertenezcan.

Por ejemplo: “constipado” en español significa “resfriado”, sin embargo “constipé” en francés significa “estreñido”; “Maite” en español es diminutivo de María Teresa, sin embargo “Maite” en euskera significa “Amor”; “cold” en inglés significa “frío”, sin embargo “caldo” en italiano significa “caliente”; “salsa” en portugués significa “perejil”, mientras que el equivalente al español “salsa” es “molho” en portugués y así podríamos seguir, hasta el infinito, con multitud de ejemplos en muchas y diversas lenguas.

Como no podía ser de otra manera, también entre leonés y castellano se da este fenómeno que, en traducción literal de los términos inglés y francés, he dado en llamar “falsos collacios”.

No hay mejor forma de ilustrar qué son los “falsos collacios” que poner unos cuantos ejemplos de palabras de nuestro hablar cotidiano:


LlïonésSignificadoCastellanoSignificado
AguantareDarse prisaAguantarSostener, soportar, tolerar
CantarCanciónCantarProducir sonidos melodiosos
CuayuLloro continuo del niñoCuajoTercer estómago de los rumiantes
FachaMandil maragato de lanaFachaApariencia
GalánNiñoGalánGalanteador
GálbanaGuisanteGalbanaPereza
GatasGusanos de las plantasGatasHembras de los gatos
GrilluBroteGrilloInsecto
GuarruCuervoGuarroCerdo, sucio
LluéuYa, ahora mismoLuegoDespués, más tarde
MangarePoner mango o mangas, enchufar, encajarMangarRobar, pedir, mendigar
MesónGancho de hierroMesónPousada
NegrielluÁrbolNegrilloDe color negro
PesareQuemar, abrasarPesarMedir el peso
PituGallo, polloPitoBocina, pequeño instrumento
PrendereEncender luz, fuego o aparatos eléctricosPrenderApresar
PrestareGustarPrestarDejar gratuitamente
PrietuNegroPrietoApretado
PróximuPersona cualquiera, prójimoPróximoCercano
PunzónRejón de la peonzaPunzónInstrumento para hacer agujeros
RapazCrío, niñoRapazÁvido, inclinado a la rapiña
SentireOirSentirExperimentar
TelaresCosa sin valor, enredoTelaresMáquinas para tejer

Y son precisamente estos “falsos collacios” los responsables de que, en las lenguas minorizadas (pero ¡ojo! sólo en ellas, porque jamás se atreverían a decir lo mismo a los hablantes de lenguas como francés, inglés o alemán) cuando cualquiera de sus hablantes utiliza una palabra con un sentido diferente del de la lengua mayoritaria, en lugar de pensar que se trata de una palabra de otra lengua, lo que se hace es tratar de ignorante o paleto a quien la emplea diciéndole que no habla bien o que no sabe lo que dicha palabra significa porque el Diccionario de la RAE da otro significado o no la recoge.

Y aquí llegamos a otro punto importante en el ámbito de la minorización: Utilizar el diccionario español para negar la existencia o el significado de las palabras leonesas. Si bien no podemos olvidar que el DRAE incorporó gran cantidad de palabras leonesas y aragonesas como si fueran castellanas, no podemos esperar, por regla general, que un diccionario de una lengua nos dé el significado de palabras de otra.

Honestamente ¿entendería alguien que buscásemos palabras inglesas en el diccionario de la Academia Francesa o palabras alemanas en los diccionarios de Oxford o Cambridge? Pues si no concebimos buscar palabras inglesas en un diccionario francés o palabras alemanas en un diccionario inglés ¿en nombre de qué absurdo criterio podemos buscar palabras leonesas en un diccionario español?

Y para terminar de rizar el rizo, en más de una ocasión oímos que el leonés “es un invento de cuatro listos que quieren aprovecharse de él para medrar”, cuando los estudiosos del tema saben que el primer testimonio escrito de la lengua leonesa, hasta el momento el más antiguo de una lengua romance peninsular, es un documento que se encuentra en el Archivo de la Catedral de León. Se trata de la Nodicia de Kesos, datada alrededor del año 959 y que procede del, hoy desaparecido, Monasterio de los Santos Justo y Pastor de Rozuela, que se encontraba en término del actual municipio de Ardón, a unos 20 kms. de la ciudad de León. Es decir que se tiene constancia de la existencia de la lengua leonesa desde el siglo X, por lo que es áltamente improbable que ningún “listillo” haya sido capaz de vivir once siglos y tenga todavía fuerzas para inventar una lengua que ya existe.

El primer documento, llamémoslo “oficial”, redactado en leonés es el Fuero de Avilés otorgado en 1085 a dicha población, entonces leonesa, por el rey Alfonso VI de León. A partir de dicho momento, todos los demás fueros leoneses se redactaron en romance leonés, excepto el de La Coruña, otorgado por Alfonso VIII de León (el conocido inexplicablemente como Alfonso IX) que fue redactado en gallego.

El hecho de que dichos documentos jurídicos se redactaran en lengua leonesa, echa por tierra, además de la afirmación de que es un invento, otra que también se repite con cierta periodicidad, la de que “el leonés no llegó a desarrollarse como lengua”. No es posible redactar documentación jurídica en una lengua “sin desarrollar” ya que el lenguaje forense requiere un alto grado de desarrollo lingüístico.

¿Qué se oculta, por tanto, tras la negación de la existencia de un romance leonés y por qué hay tanto interés en decir que “es un invento”?

Indudablemente intereses políticos y la asunción, errónea por otra parte, de que la existencia de varias lenguas conduce al separatismo, cuando lo que puede llevar al separatismo es el sentimiento de discriminación y desprecio que perciben los pueblos que ven negadas, precisamente, su cultura, su identidad y su lengua, siendo importante reseñar, a este respecto, que la desaparición de cualquier lengua, es una pérdida no sólo para el pueblo al que pertenece sino para la cultura universal.

El hecho de tratar de “invento” a cualquier lengua supone la negación de su existencia que impide por lo tanto su enseñanza y normalización con el consiguiente menosprecio a sus hablantes que cada vez se refugian más en la diglosia, utilizándola en privado pero negando incluso su conocimiento en público, al interiorizar dichos hablantes que su lengua es castellano mal hablado, propio de personas incultas que no saben hablar con corrección.

Tenemos un ejemplo paradigmático del origen de la diglosia que no me resisto a mencionar. Son las palabras que, refiriéndose a la Universidad de Salamanca, escribió el madrileño Gonzalo Fernández de Oviedo, a mediados del siglo XVI: después de hacerse docto en las escuelas, debe «tomar con la gente cortesana la buena criança de la corte, porque, aunque en la verdad en Salamanca concurren bivos ingenios, la lengua castellana en el reino de León, donde cae Salamanca, no se habla tan bien como en el reino de Toledo, generalmente; puesto que en Salamanca biven e ay muchos cavalleros e gente noble, pero comúnmente y en general no es tal el romance». Queda clara en dicho texto la clásica alusión al “hablar mal” con que se minoriza a todas las lenguas diferentes de la lengua oficial de cualquier estado, en este caso del castellano.

Tras tantos siglos de minorización y negación, no nos puede extrañar ni el desconocimiento de su existencia por parte de muchos de nuestros paisanos ni la precaria situación que sufre la lengua leonesa en nuestros días.

Además, dado que “A perro flaco, todo se vuelven pulgas”, nos encontramos que la lengua leonesa recibe últimamente ataques hasta a su propio nombre, “leonés”, que se niega con los más variopintos argumentos, desde decir que dicho nombre se acuñó tardíamente hasta aducir que sus hablantes no tienen conciencia de esa denominación al llamar a su lengua por nombres locales: pachuezu, berciano, senabrés, sayagués, bañés, cepedano, cabreirés, palra, fala, faliella, etc., haciendo caso omiso de que dichos nombres locales son el resultado, precisamente, de la minorización que sufre la lengua y que, conforme dicha minorización se acentúa, están dando paso a la denominación de “palabras de nuestro pueblo” que tanto podemos encontrar en las páginas de los diversos ayuntamientos leoneses a lo largo y ancho de la geografía de las tres provincias, “palabras de nuestro pueblo” que, sin lugar a dudas son, casi en su totalidad, palabras leonesas que podemos encontrar a lo largo y ancho de todo el dominio lingüístico.

Pero no nos engañemos, esta negación del nombre tradicional de la lengua no es gratuita y, casi con seguridad, también se debe a intereses políticos ya que pretenden sustituirlo, en un primer momento, por otros términos como “asturleonés” o “asturianoleonés”. No hace falta más que aprender de la experiencia para imaginar a donde va a conducirnos, en un segundo paso, la aceptación de dichos términos “demasiado largos” como algún otro, bastante parecido, que sufrimos y conocemos en la actualidad. Tan sencillo como que terminarán recortando “leonés” y dirán que somos “castellanos” que hablan “asturiano”. ¿De verdad es eso lo que queremos? ¿Realmente se puede defender la postura de que “el nombre no es importante” cuando lo que está en juego, además de la supervivencia de la lengua, es la existencia de nuestra propia identidad?

Sin embargo, pese a negacionismos interesados, el término “leonés” se lleva empleando por los lingüistas, extranjeros en su mayoría, desde inicios del siglo XVI. Recogí muchas de las referencias a la lengua leonesa que existen desde entonces, así como las explicaciones de por qué no es un dialecto y por qué no tiene sentido cambiarle de nombre, más ampliamente, en un artículo titulado “Llingua Llïonesa, una llingua esqueicía y amenorgada” (Lengua Leonesa, una lengua olvidada y minorizada) escrito, al igual que éste, en castellano con el título en leonés, y que fue publicado por la revista “Ó Noso Lar”, Órgano Difusor del “Lar Gallego” de Avilés en 2013. (Los interesados en la lengua leonesa podrán encontrar el artículo en cuestión en el siguiente enlace del blog de la Asociación L'Alderique pal estudiu y desendolque la Llingua Llïonesa: http://lalderique.blogspot.com.es/2013/08/llingua-llionesa-una-llingua-esqueicia.html).

Resumiendo, la situación actual de diglosia, a la que nos hemos referido anteriormente, por un lado y de ignorancia y pasividad por otro impiden que la lengua leonesa tenga el reconocimiento que se merece, propiciando su caída en el olvido, al tiempo que la consideración, totalmente errónea, de que se trata de un dialecto del castellano o de una forma paleta e ignorante de hablar, propicia su minorización y su falta de promoción y enseñanza en las escuelas impiden el acceso a la misma de los más pequeños por lo que su situación de conservación, aunque no desesperada, es bastante mala al tener serias dificultades para que se produzca el necesario relevo generacional.

Pero no todo es desesperanzador para la lengua leonesa que, si bien no es profeta en su tierra, el año pasado tuvo una muy buena noticia, cuando el Catedrático de Filología Románica de la Universidad Complutense de Madrid y coordinador de la publicación de “El Quijote Políglota” se puso en contacto con nosotros para que tradujéramos al leonés uno de los capítulos de dicha edición, concretamente el XXXIX de la primera parte, precisamente el que comienza con unas palabras tan cercanas a los leoneses como: “Nun llugar de las montannas de Llión entamóu'l mieu llinax...”. (Los interesados en la lectura de dicho capítulo pueden encontrarlo en el siguiente enlace: http://lalderique.blogspot.com.es/2017/02/febreiru-y-21-dia-la-llingua-materna.html)

Por primera vez, un capítulo de El Quijote, ha sido traducido al leonés para conmemorar el IV Centenario del fallecimiento de Miguel de Cervantes de quien, cada vez más, se dice que o era leonés (de Senabria o de la comarca de Sajambre) o si no lo era, conocía muy bien nuestra tierra y nuestra lengua ya que su obra cumbre citada está llena de leonesismos. Y la presentación del citado libro “El Quijote Políglota” en la Biblioteca Nacional de España, el pasado 14 de diciembre de 2016, retransmitida por streaming a todo el mundo y grabada posibilitará la presencia de la lengua leonesa en los archivos de dicha Institución para la posteridad.

Sólo me queda añadir que la conservación, mantenimiento y transmisión de cualquier lengua, en nuestro caso la lengua leonesa, es responsabilidad de todos, no sólo los que la conocemos, hablamos y escribimos, sino también de quienes, sin apenas conocerla, la aman.

Podemos, y debemos, sentirnos orgullosos de nuestra historia y nuestra cultura y tenemos el derecho y la obligación de preservar nuestra identidad para transmitirlas a las generaciones futuras porque si la cultura leonesa desaparece, y la lengua leonesa es una parte importante de dicha cultura, será una gran pérdida no solo para nosotros, los directamente afectados sino para toda la humanidad porque la cultura es específica pero, al mismo tiempo, es universal. Quien desconoce su pasado y sus raíces, está condenado a no tener futuro. No consintamos que eso suceda.


Bibliografía

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  • El Anhueite de Chan de José Álvarez “Caruso” y Jesús Rodríguez Díez – Edición de los autores (2012) - Depósito Legal LE-744-2012
  • Diccionario de Leonés en el Alto Boeza y zonas limítrofes de José Álvarez González – Edición del autor (2010) – Registro M-007854/2009 – Depósito Legal M-46189-2009
  • El Habla de Prioro de Ramón Gutiérrez Álvarez – Organismos Oficiales (2004) – I.S.B.N. 978-84-609-1347-4
  • El Habla tradicional de la Omaña Baja (León) de Margarita Álvarez Rodríguez – Ediciones del Lobo Sapiens (2010) – I.S.B.N. 978-84-92438-36-5
  • El Habla de La Cepeda (León): léxico de Ana María de la Fuente García – Universidad de León (2001) – I.S.B.N. 978-84-7719-888-8
  • Vocabulario de La Baña de Jonatán Rodríguez Bayo – Academia de la Llingua Asturiana, Preseos número 10 (2007) – I.S.B.N. 978-84-8168-427-8
  • Estudio sobre el Habla de la Ribera (Comarca salmantina ribereña del Duero) de Antonio Llorente Maldonado de Guevara – Colección Estudios Filológicos – I.S.B.N. 978-84-7481-920-5
  • Diccionario de la variante leonesa de Las Arribes de Fernando Sánchez (Salamanca) – Mikroglottika Yearbook 2008. Minority Language Studies.
  • La elaboración de una norma lingüística en pequeñas comunidades dialectalmente divididas: el caso del leonés y del frisio del norte de Raúl Sánchez Prieto (Salamanca) – Mikroglottika Yearbook 2008. Minority Language Studies.
  • Linguistica contrastiva italiano-leonese: vocalismo de Abel Pardo Fernández (Barcelona) - – Mikroglottika Yearbook 2008. Minority Language Studies.
  • Diario de un viaje a Santiago hacia 1612 de Bernardo de Aldrete – Argutorio Revista Cultural – Año XI número 21, Astorga II semestre 2008
  • Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

Alicia Valmaseda Merino
Socia de ProMonumenta y
Socia fundadora de la Asociación L'Alderique
pal estudiu y desendolque la Llingua Llïonesa

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