martes, agosto 05, 2008

Defensa la llingua, peru... ¿cual d'eillas? (y 5ª parte)

Pa finare estos artículos deixuvos, outra vegada, la mía opinión sobru las llinguas y sobru las presonas que falan d'eillas. Tamién vos fagu una suxerencia, podedes camudare en tos estos escritos el nome la llingua, onde apaez catalán ou llïonés podedes ponere'l nome d'outra llingua minorizada (l'aragonés, pur casu) y los comentarios son perfeutamente intercamudables:

Sobre universalismo, provincialismo y otros ismos

Asistimos en los últimos tiempos a largas polémicas sobre la conveniencia o no de estudiar leonés en las que, en ocasiones, los ánimos se caldean y se llegan a oír barbaridades que sobrecogen, muchas de las cuales solo demuestran un profundo desprecio por la cultura ajena, además de un desconocimiento, también profundo, de la realidad lingüística y cultural no solo de España sino de la Europa en que nos encontramos inmersos.

El argumento más utilizado es el de ¿leonés, para qué? mejor estudiar inglés. Y se añaden a dicho argumento prolijas explicaciones sobre lo “universalista” que es la concepción del mundo de quien eso argumenta y lo “provincialista” o incluso “pueblerino” o “primitivo” que es quien defiende el aprendizaje VOLUNTARIO del leonés.

También aparece el argumento reiterado de que solo merece la pena estudiar las lenguas más habladas puesto que las minoritarias representan una pérdida de tiempo.

Y por último existe un tercer argumento que agrupa a quienes opinan que hay que ocupar el tiempo en cosas más útiles y con más aplicación práctica al mundo actual.

Sinceramente, solo puedo decir que todas estas afirmaciones, además de dejarme atónita me producen dolor porque solo pueden partir desde posiciones muy poco democráticas en sus planteamientos ya que si el sistema democrático se caracteriza por algo es porque las mayorías deben respetar los derechos de las minorías, lo contrario sería una dictadura del más fuerte, aunque la fuerza le viniera de las urnas y legislar en contra de las minorías sería un procedimiento nulamente democrático.

El hecho de propugnar que solo se estudien “cosas más útiles y con más aplicación práctica al mundo actual” puede llevarnos a olvidar todas o casi todas las materias humanísticas ya que, al parecer, el mundo va por el camino de las nuevas tecnologías así que ¿para qué estudiar arte, cultura clásica, historia o música? Sería mejor para el mundo que todos nos dedicáramos a la informática o a las ingenierías.

Particularmente creo que será un día triste para la humanidad aquel en que no seamos capaces de apreciar la belleza de un cuadro, de una flor o de una sinfonía pero, aparte de la satisfacción íntima, como esas cosas no tienen “aplicación práctica” tal vez en un futuro no lejano debiéramos prescindir de ellas ¿no les parece?

Por otra parte, he constatado personalmente que una gran parte de quienes se declaran “universalistas” para negar a sus compatriotas su derecho a estudiar la lengua que deseen, solo son capaces de comunicarse en su lengua materna. ¿Dónde queda pues todo el supuesto universalismo?

Mientras, quienes defendemos la lengua leonesa y propugnamos su estudio, insisto, voluntario, tenemos que soportar el “sambenito” de “pueblerinos”, e incluso hasta de “primitivos”, independientemente del número de idiomas que conozcamos.

Y este hecho me lleva a reflexionar, los griegos llamaban “bárbaros” a quienes no eran capaces de hablar la lengua griega, sin embargo, cuando los romanos, que mayoritariamente desconocían el griego, apropiándose de una palabra ajena, empezaron a llamar “bárbaros” a otros pueblos, no se preocuparon de si aquéllos conocían o no el griego. Es pasmoso como, a pesar del tiempo transcurrido, como decía aquella canción de los setenta, “La vida sigue igual”.

Personalmente, hablo, leo y escribo cuatro lenguas, a saber, por riguroso orden alfabético, castellano, francés, inglés y leonés. Tengo un conocimiento pasivo bastante decente de catalán, italiano y portugués y también conocimientos de alemán y neerlandés. He viajado por medio mundo y vivido en el extranjero en un ambiente internacional europeo en el que las conversaciones se desarrollaban a la vez en dos o tres idiomas. Ni soy, ni me considero excepcional y menos en la Europa actual, al contrario, creo que hacia esto es hacia donde debemos dirigirnos. Si esto es ser “pueblerina” o “primitiva”, desde luego lo soy y, es más, me siento orgullosa de serlo.

Tal y como muchos dicen, las lenguas están hechas para comunicarse pero, para quienes no lo sepan, y si solo se conoce una lengua es muy fácil conocer esta realidad, las traducciones exactas no existen por lo que es mucho más fácil la comunicación con otras personas si se conocen dos, tres o más lenguas, porque la misma cosa explicada en dos lenguas diferentes se entiende mucho mejor que en una sola.

Este es, y no otro, el motivo por el que en las reuniones internacionales la mayoría de los países, independientemente de los idiomas que conozca el negociador, eligen hablar en su propia lengua. Y, no nos engañemos, en la Unión Europea, nuestra lengua no es de las más habladas por lo que, aún pudiendo suponer un handicap para los españoles que así sea, siguiendo con el criterio de la lengua más utilizada, deberíamos comunicarnos en alemán ya que los 82 millones de habitantes que tiene Alemania superan con creces a los 38 millones de españoles existentes.

Y, aviso para navegantes, quienes se sienten satisfechos por hablar una lengua universal como el castellano y consideran, por ello, que el uso de las lenguas más locales tiene que estar limitado, además de demostrar un razonamiento poco democrático (imposición por razón de número) pueden encontrarse en breve que nuestra lengua es relegada para primar a otras más universales todavía, tal vez en ese momento, clamen por los derechos de los hispanoparlantes y se encuentren, a su vez, etiquetados de “primitivos”.

En mi opinión, lo más democrático y universalista es ser respetuoso con todas las lenguas y eso no se demuestra desde una posición de fuerza o desprecio sino utilizando bien su vocabulario, sin introducir palabras de otras lenguas (sobre todo anglicismos, tan de moda últimamente), respetando sus reglas de ortografía y pronunciación y poniendo un cuidado exquisito en hablarlas y escribirlas de la forma más correcta posible. Y eso es válido para todas, mayoritarias y minoritarias porque cada una de ellas forma parte de la cultura universal y su pérdida como la de cualquier especie animal o vegetal o cualquier monumento es una pérdida irreemplazable para la cultura mundial.

1 comentario:

elialalric dijo...

El problema está en que el leonesismo en sí está visto como algo anticuado y pueblerino. Después de mas de un cuarto de siglo de leonesismo reivindicativo, poco a cambiado durante estos años. Y esa estanqueidad de las ideas y de los métodos han hecho que la sociedad leonesa vea que todo lo referente a lo leonés lo vea como algo anticuado y arcaico.

Siento decirlo así de claro, pero es la realidad de hoy en día.
Y de ese sentimiento no se salva el idioma. No es que se vea mal estudiar leonés en sí, sino que el idioma al ser una parte de las reivindicaciones leonesistas se ve como algo del pasado.

El leonesismo ha de modernizarse y empezar a moverse hacia el futuro.

Respecto al idioma, hay que mirar un poco el espejo de otras tierras en las que el bilingüismo se ha consolidado ¿que han hecho ellos y no nosotros? ¿donde estamos fallando?

Hay que trabajar sobre todo en las grandes capitales para que el leonés se empiece a ver como algo habitual y no como ese idioma raro que viene de los pequeños pueblos. Que no se sienta vergüenza al mezclar castellano y leonés, que el leonés se pueda ver en cualquier rincon (ya sea junto al castellano o sin él) como algo normal.

Aunque quizá lo primero de todo y antes de empezar a difundir masivamente el leonés, habria que regularlo y crear un leonés oficial consensuado por todos los estamentos.