sábado, enero 07, 2017

Juntaletras

Un amigo me envía el siguiente enlace a la contraportada del Diario de León, a la columna de Trapiello (otro que, como el ex-alcalde de Valladolid, en el pecado llevaba la penitencia, ya que lo de negar la existencia de la lengua leonesa con un apellido como el que luce el ínclito tiene que ser “un poco” surrealista) que hoy titula: Enramados.

Leo el artículo, cuyo tenor no me sorprende conociendo a su autor pero, observo, que va perdiendo facultades a pasos agigantados.

Dice Trapiello que el ramo no salía de la iglesia y miente sabiendo que lo hace, ya que los ramos se adornaban en las casas particulares (según diferentes costumbres que variaban de un pueblo a otro) y se llevaban a la iglesia adornados a la misa del gallo, siendo una verdad de perogrullo que si “se llevaban a” es porque “no estaban en” pero, además, es evidente que eso sólo sucede con la cristianización del ramo que es, sin embargo, un símbolo muy anterior a la existencia misma del cristianismo, entroncado con los ritos invernales de todas las culturas y emparentado con el abeto navideño de los países nórdicos que finalmente se adoptó en prácticamente todo el mundo.

Por otra parte, omite también el hecho de que, en sus orígenes, no existía ninguna de esas estructuras, ni piramidal, ni redonda, ni de ninguna otra índole, sino que se trataba de una rama de árbol que se adornaba (otra similitud con el abeto).

En cuanto a negar la leonesidad del ramo porque existen ramos en la América hispana, sin más datos, es como decir que el castellano no es español porque también existe en América. Olvidar interesadamente que muchísimas de las costumbres que allí existen las llevamos los españoles, es una muestra más de la parcialidad del tipo y de su máxima "Nunca permitas que la realidad te estropee una noticia".

Cita, sin ir más lejos, a Guatemala, como argumento supremo de no leonesidad del ramo, demostrando o bien ignorancia supina o bien mala baba asgaya ya que, precisamente, el cementerio de Chichicastenango está lleno de apellidos leoneses de generaciones y generaciones. Al propio tiempo, no estaría de más que el “erudito” nos explicara cómo es posible que el ballet nacional de Nicaragua represente bailes con moros (¿será que también los musulmanes invadieron Centroamérica y no nos enteramos?) o por qué en toda Centroamérica se habla con el indefinido, siguiendo el modelo leonés, en lugar de con el pretérito perfecto, siguiendo el modelo castellano.

La verdad es que encuentro enfermizo ese afán que demuestra el sujeto en cuestión por atribuir a afanes nacionalistas o políticos cualquier recuperación de un símbolo leonés (que nadie niega pueda existir en otros lugares pero que es indudable se encuentra bien enraizado en nuestra tierra) lo que me lleva a preguntarme si no serán sus propios afanes políticos los que se encuentran tras tanto ensañamiento. Claro que también digo que, con su intento de ridiculizar al prójimo, lo único que consigue es ponerse en evidencia.

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