lunes, junio 06, 2016

Manolete, si no sabes torear ¿a qué te metes?

Resulta que Sira Gadea, a la que descubrí gracias a un magnífico artículo en su blog sobre la Colegiata de San Isidoro, publicado el 22 de junio de 2015, también había escrito un estupendo artículo sobre la Catedral de Zamora, publicado el 15 de septiembre de 2014, y digo "magnífico" y "estupendo" desde el punto de vista artístico.

Sin embargo, no consigo entender con qué motivos y basándose en qué documentación (ella dice que es muy cuidadosa al documentarse) se refiere a Alfonso VI El Bravo de León, en el artículo sobre la catedral zamorana, como "al nuevo rey de Castilla y León" y en el artículo sobre la Real Colegiata Basílica de San Isidoro, se refiere a Fernando I El Magno de León como "último conde de Castilla, rey consorte de León y considerado el primer rey de Castilla y León".

Es tan absolutamente falso que los propios reyes se intitularan como “de Castilla y León” que el propio Sancho I de Castilla, tras autocoronarse rey de León en la Catedral de la urbe regia, en los poco más de ocho meses en que fue Sancho II de León, firmó únicamente tres documentos y en los tres se identificaba, ÚNICA Y EXCLUSIVAMENTE, como rey de LEÓN, sin la mínima mención al efímero reino de Castilla que sólo había tenido una existencia independiente de seis años.

No tengo la más mínima duda de que si alguien se hubiera atrevido a llamar a Fernando I o a Alfonso VI “rey de Castilla y León”, los propios reyes hubieran quedado atónitos. No hay un sólo documento, no ya de estos reyes, sino de ningún otro hasta Isabel II incluida, en que un solo rey se haya intitulado “de Castilla y León” por cuanto ésta es una denominación de nuevo cuño, que sólo cuenta con 33 años de existencia y se corresponde con una comunidad autónoma que miente desde su mismo nombre ya que utilizar “Castilla” para referirse a seis de las 14 provincias castellanas que existen es tomar la parte por el todo.

Pero volvamos al tema de las intitulaciones reales, es tan absurdo nombrar a cualquier rey de León como “de Castilla y León” que sólo puede deberse a ignorancia o a mala fe. Dado que la ignorancia en el caso de una Historiadora del Arte es poco probable, sólo nos queda, desgraciadamente, la segunda posibilidad.

Y para decir esto no me baso en la simple observación sino en que en la página “Amigos del Románico” en la que colgó su artículo sobre San Isidoro, después de agradecer su artículo, le hice notar que lo de “Castilla y León” no se ajustaba, ni de lejos, a la realidad de la época y le pregunté en qué documentación se basaba para hacer tal afirmación y su respuesta me dejó un poco descolocada porque, según ella, mi comentario tenía más que ver con la política actual (?) que con la Historia de San Isidoro y argumentaba que puesto que yo negaba su afirmación (recordad “es considerado el primer rey de Castilla y León”) qué documentación aportaba yo para sustentar mi tesis, a lo que respondí lo siguiente:

“Estoy totalmente de acuerdo en que lo de hablar de "Castilla y León" en época de Fernando I El Magno no tiene que ver con la historia de San Isidoro sino con la política actual. Precisamente por eso me extraña que usted lo diga en su artículo.

En cuanto al hecho de cuestionar semejante denominación es tan sencillo como mirar las intitulaciones reales desde Fernando I El Magno hasta Isabel II. Estoy segura de que nadie puede, ni debe, dudar de que nuestros Reyes conocían perfectamente sus dominios, sus títulos y los nombres de sus reinos.”

Su respuesta, que me dejó perpleja, fue la siguiente: “Pues nada, todos contentos, Fernando I fue rey de León y rey de Castilla. Asunto zanjado ¿no?”

Por lo que le respondí: “ Querida Sira, Fernando I fue Conde de Castilla y Rey de León por los derechos dinasticos de su esposa, la reina Sancha de León. Castilla no alcanza la categoría de Reino hasta la muerte de Fernando I que, en su testamento, deja Castilla, elevada a Reino a su hijo Sancho.”

Y tras esto ya fue el caos porque la reacción fue, como vulgarmente se dice, “de juzgado de guardia” ya que escudarse en que no estamos en un ámbito académico para decir barbaridades es lo más anticientífico que puede uno imaginar, aunque sin embargo no es la primera vez que me encuentro con una afirmación semejante ya que, hace años, en el juicio en que Plataforma Pro-Identidad Leonesa tuvo contra la Fundación Villalar por sus manipulaciones de la historia, el abogado de la citada Fundación, alegó como supremo argumento de la defensa que "puesto que no era un medio de comunicación no tenían la obligación de decir la verdad":

“Entrar en estas disquisiciones creo que se sale completamente de este ámbito. Fernando I dio a conocer sus disposiciones testamentarias en 1063, unos años antes de su muerte, en las que, efectivamente, elevaba a Castilla al rango de reino y todo reino tiene, necesariamente, un rey.. Me resulta hasta ridículo, por fuera de lugar (no estamos en un ámbito académico, ni mucho menos) andar por aquí con estas cosas, por lo que no voy a seguir con este asunto.”

Ya empezaba yo a estar segura de que lo que creí, en un primer momento, que era un simple error, era algo mucho más intencionado y respondí:

“No hace falta estar en un ámbito académico para ajustarse a la verdad y la divulgación tiene que atenerse a la realidad de los hechos, de otro modo se convierte en manipulación.

Y puesto que usted misma reconoce que Fernando I elevaba a Castilla al rango de Reino en su testamento dictado dos años antes de su muerte, todavía me dejan más perpleja sus comentarios primero, de rey de Castilla y León y luego de rey de León y Rey de Castilla.”

Tras esto ya se quitó totalmente la careta y escribió:

“Por mi parte, este asunto queda zanjado por harto peregrino. Siga usted con su guerra particular que yo ya me buscaré las mías propias. Por otro lado, le rogaría se pusiera de acuerdo en cuanto al tratamiento con el que se dirige a mi persona, pues lo mismo me trata de usted que llama "querida" que de nuevo pasa al usted. Y de acuerdo en todo, soy una manipuladora. Para usted la peseta. Buenas tardes.”

Tengo que reconocer que me cabreó tamaña desfachatez, por lo que traté de ser lo más caústica posible sin perder la educación, juzgad vosotros mismos:

“Disculpe, creía que le interesaban el rigor y la verdad, al menos eso había deducido de sus comentarios pero veo que me había equivocado. En cuanto al tratamiento, que yo sepa, gramaticalmente, son compatibles el querida y el usted y creo que en todo momento he sido muy respetuosa. Lo que le agradeceré es que no ponga en mi boca lo que no he dicho. Si hubiera querido llamarle manipuladora, lo hubiera hecho con toda claridad. Buenas tardes a usted también.”

Tras esto, la entrada con todos sus comentarios fue borrada de la página en cuestión (sólo tengo los textos parciales que llegaron a mi cuenta de correo) pero, por supuesto, no ha corregido semejante denominación en el artículo original.

Es posible que alguien piense que por ser Historiadora del Arte no tiene que tener conocimiento sobre la historia del Reino de León. Es verdad, pero de ahí, precisamente, viene el título de esta nota. Si no conoce la Historia Medieval de León (y por lo tanto tampoco conoce la de Castilla) ¿a qué se mete en semejantes “arenas movedizas”?

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