miércoles, junio 17, 2015

Culpas compartidas

El 27 de Noviembre de 2010 estábamos pidiendo firmas en León para exigir a Junta y Gobierno central que no se destruyera SubLancia y tras firmar un matrimonio de Valladolid me dijo el señor: “Es que ¡todos somos castellanos!”. Yo respondí que era leonesa y él insistió: "Sí, eso, yo soy de Valladolid, usted de León, PERO TODOS SOMOS CASTELLANOS."

Repetí que no, que él sería castellano pero yo era LEONESA y su respuesta fue: "Vamos mal con esa desunión porque todos somos españoles". Y yo contesté: "Efectivamente, yo soy leonesa y española pero no castellana y desunión la de Santander y Logroño que siempre fueron castellanas, pero nosotros no lo fuimos nunca". Y él "vuelta la burra al trigo" con lo mala que es la desunión y, para rematar, dijo: "En este país lo peor de lo peor son los vascos y los catalanes" (que no sé yo qué pintaban en aquella discusión) y se marchó diciendo: "Si llego a saber esto no firmo, a mi tácheme".

Por supuesto eso no quiere decir que todos los vallisoletanos sean así pero es una pequeña anécdota para quienes dicen que el expolio que sufrimos ambas regiones es solo responsabilidad "de los que mandan". Pues no, la situación de desconocimiento de la historia y la geografía que se da en todo el territorio nacional con el consiguiente perjuicio para el  País Leonés, que parece haber desaparecido del mapa, y para Castilla, que se halla repartida en cinco trozos, es responsabilidad de lo políticos, sí, pero también de los medios de comunicación que no cesan en su machaconeo manipulador de llamar "castellano" a todo LO LEONÉS así como también es responsable la "memoria de pez" de la que hace gala parte de la ciudadanía.

Todo ello es cuestión de respeto y se pregunta la Xana ¿Acaso el respeto solo se mueve en una dirección? ¿Si el resto de españoles no respetan a los leoneses, por qué diaños tenemos los leoneses que respetar al resto de españoles? Si desde todas las instancias, y pese a nuestras protestas, de las que hacen caso omiso, siguen ignorando nuestra cultura, nuestra identidad y hasta nuestro nombre ¿no deberíamos pedir el amparo de los organismos comunitarios e internacionales ante el etnocidio cultural que padecemos?

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