martes, septiembre 23, 2014

La Peregrina

Camino de Santiago
con grande halago
mi "Pelerina" la encontré yo,
y, al mirar su belleza,
con gran presteza
mi "Pelerina" se hizo al amor.

Fue tanta la alegría
que al alma mía
la compañía de su amor dio,
qu'en la oscura maraña
de una montaña
mi "Pelerina" se me perdió.

Y mi pecho afligido,
preso y herido,
por esos montes suspiros dio.

En los prados y flores
de mis amores,
a los pastores les pregunté:
¿Quién vio a una morenita, peregrinita,
qu'el alma irrita con su desdén?

Por ver si mis desvelos
hallan consuelo
todas sus señas daré también.
Todas sus señas daré también.

Iba la "Pelerina",
con su esclavina,
con su escarcela y su bordón;
lleva zapato blanco,
media de seda,
sombrero fino qu'es un primor.

Tiene rubio el cabello,
tan largo y bello,
qu'el alma en ello se me enredó;
es su frente espaciosa
larga y hermosa
donde Cupido guerra formó.

En la su fina ceja,
de oro madeja
su amor y el mío se aprisionó.
Sus ojos y pestañas
son dos montañas
donde dos negros hacen mansión,

Su nariz afilada
no fue sonada
y aunque al mirarla fama cobró,
es un cañón de plata,
que a todos mata
sin que ninguno sienta dolor.

Su boca, tan pequeña
y tan risueña,
naturaleza pudo formar,
que al decir me provoca
mas, punto en boca,
por no agraviarla quiero callar.

Es su fina garganta
la mejor planta
qu'en los jardines sembró la flor;
su pecho es el archivo
donde yo vivo,
preso y herido, muerto de amor.

Para pintar su talle
bueno es que calle,
pues su pintura será un borrón.
Al entrar en el templo
la encontré dentro
y mi "Pelerina" pidió perdón.

Al entrar en el templo
la encontré dentro
y mi "Pelerina" pidió perdón.

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