jueves, junio 17, 2010

El saber no ocupa lugar

Va tiempu qu'escribiera un artículu sobru la tema la llingua llïonesa. Van esautamente dous annos y ochu meses dende nestoncias y, curiosamente, l'artículu caltien la mesma autualidá purque dalguna xente sigi, cuna escusa la "universalidá" ou la "internacionalidá", tratandu de fuliminare tolu que nun son quienes a connecere.

Peru la frax "¿Llïonés? Miyor adeprendere l'inglés", ye braeiramente d'antoloxía. ¿Dendi cuandu adeprendere la llingua inglesa incapacita p'adeprendere outras llinguas?

Peru lu más surriïalista ye qu'en xeneral tolos que dicen esu nun son quienes a falare más llingua que'l castiellán ¿onde tá nestoncias tola sua "universalidá"? ¿Sedrá sólu "de bouquiella"?

El saber no ocupa lugar

Recientemente, y como consecuencia del pacto PSOE-UPL en el Ayuntamiento de León, estamos asistiendo a un vivo debate sobre la enseñanza de la lengua leonesa en las provincias de León, Zamora y Salamanca, en el que algunas voces se alzan llegando incluso a negar la propia existencia de dicha lengua.

Está claro que quienes tratan de ridiculizarla saben más que la UNESCO para quien la lengua leonesa existe, aunque se encuentra en serio peligro, al no hallarse protegida por ninguna instancia oficial y saben también más que el Gobierno portugués que estableció hace ya algunos años la oficialidad del mirandés (variante del leonés en la vecina Tierra de Miranda) como lengua cooficial junto con el portugués.

La actual propuesta de enseñanza de la lengua leonesa, lo proyecta como actividad extraescolar por lo que quien lo desee podrá estudiarla pero nadie estará obligado a hacerlo.

Alegar el propio desconocimiento para negar la existencia de una lengua es, cuando menos, curioso, aunque es bien sabido que la ignorancia es atrevida.

Insistir en que «es más práctico estudiar inglés» es una pobre excusa ya que el inglés está incluido entre las materias de estudio obligatorio.

Pretender que los profesores de leonés tengan que ser filólogos es una exigencia inaudita porque ¿cuantos filólogos están enseñando inglés, francés, alemán, italiano, gallego, euskera o catalán en las diversas academias de idiomas que existen en toda España?

Por último, si nos «manca» el zapato, vemos «ruchar» las plantas, nos «presta» ir de campo, se nos «espipan» las costuras, «asturamos» la ropa, no nos «furrula» el ordenador, estamos «rilados», vamos «en ca’l» tio Pedro o vemos a un niño con un «cuajo» terrible, es muy posible que tengamos problemas para hacernos entender tan pronto crucemos el Cea.

La lengua leonesa forma parte de nuestra cultura por lo que su defensa y protección son no solo un derecho sino un deber. Cuando una planta, un animal, un monumento, una lengua o un pueblo desaparecen toda la humanidad se empobrece con la pérdida y quienes, por acción u omisión, contribuyen a dicha desaparición son responsables del empobrecimiento general.

En mi ya lejana infancia aprendí que «el saber no ocupa lugar». ¿Por qué no seguimos el consejo y aprendemos cada día un poco más sobre nuestra historia, nuestra lengua, nuestra tierra y nuestra identidad?

Leamos detenidamente dos frases que nos dejó el gran etnógrafo Julio Caro Baroja y analicemos la situación en que nos encontramos.

«Difícilmente se podrá encontrar en toda Europa una región en la que los elementos de la cultura moderna se hallen tan en armonía con los datos de un pasado remoto como León.»

«Para liquidar a los pueblos se comienza por despojarles de su memoria, se destruye su cultura y su historia y alguien les escribe otros libros, les da otra cultura y les inventa otra historia... luego el pueblo comienza a olvidar lentamente lo que es y lo que era..»


Claro que posiblemente Julio Caro Baroja era un «peligroso leonesista» y por eso dijo lo que dijo.


Alicia Valmaseda Merino "Xana"

1 comentario:

elialalric dijo...

Que le vamos a hacer, siempre hay acomplejados que ponen excusas estúpidas para ocultar su ignorancia.

Todo lo que se pueda aprender, sea o no útil (y con esto no digo que el idioma leonés no sea útil), enriquece a las personas y a los pueblos. Ignorar eso es acabar como autómatas analfabetos que solo saben seguir lo establecido y no son capaces de adaptarse a nuevas situaciones.