sábado, diciembre 27, 2014

Sobre politizaciones varias y otras acusaciones

Después de tres días y medio en el hospital, por una operación urgente de un familiar, llegué a León donde me esperaban una serie de mensajes y correos de varios amigos sorprendidos por el contenido de un publicación en un blog que pretende sentar cátedra de leonés y sobre lo leonés por el conocido medio de negar lo que desconoce.

Supongo que la mayoría sabéis de qué hablo pero permitidme que omita título y enlace porque, sinceramente, no creo que deba hacer propaganda de tantas inexactitudes y barbaridades.

Los que me conocéis, que sois unos cuantos, sabéis que en cuestiones de lengua no soy nada dogmática por lo que se refiere al vocabulario ya que insisto, una y otra vez, en que cuantas más palabras conozcamos para el mismo concepto, esto es, cuantos más sinónimos tengamos y empleemos, más rica será nuestra lengua (y esto es algo que practico no sólo en el leonés y el castellano, mis dos lenguas maternas, sino en las demás lenguas que conozco y practico).

La lengua leonesa, como todas las lenguas que durante muchos años se han transmitido mayoritariamente de forma oral, tiene muchas variantes lo que pese a quien pese, constituye una riqueza lingüística que hay que preservar, mantener y transmitir y esas variantes, lógicamente, no son uniformes porque. si lo fueran, no existirían. Lógico ¿verdad?

Me extraña, por tanto, ese empeño de algunos en negar todo lo que se sale de su conocimiento o, lo que es peor, se distancia de su opinión o interés. Me cuesta trabajo entender de otra manera la frase siguiente:

El problema es que 'Nadal' es una palabra totalmente desconocida en León y en Zamora desde hace siglos.”

¿En qué quedamos, la palabra “Nadal” es leonesa o no existe? Y si lo es ¿qué hay de malo en utilizarla? ¿Quiere eso decir que no se puede recuperar ninguna palabra que hubiera quedado en desuso? ¿Entendemos pues, por extensión, que puesto que el leonés no se habla mayoritariamente debemos relegarlo OBLIGATORIAMENTE a las zonas en las que se continúa hablando y tenemos que renunciar a seguirlo transmitiendo a las futuras generaciones porque no se enseña en las escuelas con lo que en una generación más desaparecerá completamente?

Decidir que en la Tierra de Miranda se dice “Natal” por influencia del portugués es una deducción que, curiosamente, tampoco tiene en cuenta la existencia de los apellidos leoneses “Natal” y “Nadal” ¿también llevan estos apellidos siglos sin utilizarse?

Puesto que en estos momentos, la forma más habitual de felicitar las fiestas en León, es en castellano, imagino que, siguiendo la lógica de no recuperar palabras “de hace siglos”, también deberemos mantener únicamente la lengua predominante.

Es curioso por otra parte que se alegue el origen latino de leonés y castellano para insistir en la única utilización de “Navidá”, olvidando que también son de origen latino todas las demás lenguas que utilizan “Natal”, “Nadal” o “Natale”. ¿Se trata de un “olvido” involuntario o interesado?

Supongo, por otra parte, que las alusiones al Ramu Llïonés se deben a que al hallarse casi perdido tampoco debiera haber sido recuperado a fin de no “hiper-diferenciarnos” de quienes no comparten con nosotros esa hermosa tradición leonesa.

Y vamos ahora con cabo de año, cabodañu o cabudannu. Hace muchos años, más de cincuenta, oí por primera vez “misa de cabudaño” en boca de mi abuela, una señora que hoy tendría 122 años, y le pregunté qué era eso. Ella me respondió, “cabudaño” es como se dice en León “aniversario” así que “misa de cabudaño” es “misa de aniversario”.

Mi abuela, que no era consciente de que todas esas palabras y expresiones “de León” que me enseñaba fueran parte de otra lengua diferente, era sin embargo a tenor del artículo que comento, una “politizadora” de la lengua que lo único que buscaba era hiper-diferenciarse del castellano. ¿A quien se le ocurre transmitir a su nieta palabras e historias olvidadas que lo único que buscaban era una finalidad política o identitaria? El pequeño detalle de que mi abuela falleciera unos catorce años antes de que esta comunidad existiera no tiene la menor importancia, puesto que decía que “cabudaño” era “aniversario” es que sólo perseguía politizar la lengua.

Y, por supuesto, el 'pequeño detalle' de que en aragonés 'Cabo d'Anyo' signifique también aniversario y que el DRAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua) recoja “cabo de año 1. m. aniversario (‖ oficio y misa en sufragio de un difunto).”, no son más que meras anécdotas hiper-diferenciadoras.

Acusar de intentos de hiper-diferenciación a otros cuando se es responsable de la invención de una bandera (que se pretende presentar como “la auténtica bandera del Reino de León Medieval”, siendo público y notorio que las enseñas medievales representaban a los reyes, no a los territorios) o de llamar “leonesa cancilleresca” a un tipo de letra de nuevo cuño, no deja de tener su aquél. No quiero ni pensar que lo que se busque sea acusar al prójimo de los propios defectos o errores.

Por no mencionar que no hay mayor politización de la lengua que pretender cambiarle el nombre “leonés” con que lleva siendo conocida desde, por lo menos principios del siglo XVII (como puede comprobarse fácilmente en la bibliografía existente: http://ellagodelaxana.blogspot.com.es/2013/07/llingua-llionesa-una-llingua-esqueicia.html) por el nombre comúnmente atribuido al dominio lingüístico “asturleonés”, e incluso, y más sangrante aún, llamar a la lengua leonesa “asturiano de León”.

Como también me enseñó mi abuela Trinidad, “Piensa el ladrón que todos son de su condición” y ante mi pregunta “¿de qué condición, guela?” contestaba invariablemente: “De una muy mala, hija, de una muy mala”.

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